Nosotros, la Iglesia de Jesucristo, hemos recibido las armas de luz y el encargo de utilizarlas para abrir campo al reino de Dios sobre la tierra. Jesucristo nos envió a penetrar las tinieblas satánicas y arrebatar a sus cautivos. Por medio de nuestro estudio y análisis de cada territorio y de los dones proféticos, nos toca descubrir las fortalezas enemigas aquí en la tierra y luchar contra ellas hasta eliminar sus bloqueos al avance del Evangelio. Los guerreros espirituales deben ir delante de los misioneros y evangelistas, derribando los muros que pretenden impedir que se conozca a Dios, abriendo paso para que la visitación especial del Espíritu Santo que trae el avivamiento no sea estorbada de ninguna forma.

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